1er evento. Los cuentos y la educación. Visita a la Biblioteca Municipal (09/02/2018)

En esta excursión nos acercamos a la Biblioteca Municipal en la que había un evento especial, un cuentacuentos para los más pequeños.

Nosotros llegamos tarde, ya que salíamos de la clase anterior, pero llegamos para escuchar los últimos cuentos: “Tío Lobo” y “El país de las pulgas”. El primero de estos yo ya lo conocía, pese a ello la forma de contarlo, de conectar con el público, de llamar la atención de los más pequeños para que le presten atención, los cambios de tono y volumen de voz, la caracterización de cada personaje... en definitiva, todos los detalles que contribuyen a ser un gran cuentacuentos.

Lo que mejor recuerdo y que aspecto a tener en cuenta es como toda la sala le prestaba atención, mayores y pequeños, rubios y morenos o incluso calvos, flacos y rellenitos. Todos prestaban atención y todos reían juntos. Todos escuchaban y aprendían de los pequeños detalles que contaba Alberto Celdrán.

Después de la presentación, nos quedamos el pequeño grupo para hablar con él. La charla giró en torno a los cuentos y lo que se puede conseguir con ellos. Como futuros maestros de educación infantil los cuentos serán un gran apoyo para trabajar un montón de contenidos didácticos.

Los cuentos ofrecen una sin fin de temas para enseñar a los más pequeños. Nos ofrecen un sin fin de caminos o formas diferentes de enseñar un sin fin de cosas: valores morales, colores, sentimientos, los cambios, afrontar dificultades... en definitiva, a vivir. Que es para lo que educamos, enseñamos y preparamos al alumnado hoy en día, o al menos para lo que se debería.

Pero como el protagonista de este encuentro nos dijo, no vale cualquier libro para enseñarlo todo. La importancia a la hora de elegir un cuento reside en lo que a ti mismo te mueve por dentro. Un cuento que te haga sentir. Esos son los cuentos que además de vivirlos y sentirlo tú mismo, enseñaras a vivir y sentir a los más pequeños dichos cuentos: o observarlos, leerlos, analizarlos y disfrutarlos.

Porque aprendemos cuando estamos contentos, cuando nos reímos. Porque de esta manera no memorizamos un dato, memorizamos una sensación o emoción conectada directamente con el contenido del cuento. Alguno de los cuentos que contó Alberto Celdrán aquel día fueron los que se muestran en la imagen.

Personalmente, desde que empecé el grado de Magisterio en Educación Infantil, he ido anotando y comprando diferentes cuentos que me han enamorado (y otros para poder hacer trabajos). Entre ellos están "la ola" de Suzy Lee, un álbum ilustrado que sin palabras te lo cuenta todo sobre la primera experiencia en la playa. "Yo las quería" de María Martínez i Vendrell, para trabajar la pérdida de un ser querido (especialmente a una madre). "Madrechillona"  de Jutta Nauer, para entender que cualquier madre en un momento dado se puede enfadar y gritar, pero siempre nos querrá y ayudará. "Salvaje" de Emily Hughes, para explicar que la naturaleza es como es y así está bien y hay que respetarla como es. O "El animalario universal del profesor Revillod", con el que se pueden conocer a todos los animales típicos del mundo, a la vez que crear, al combinar éstos, otros nuevos con una pequeña descripción que ayuda a los más pequeños comprender a los animales y el porque son así.

Y así podría continuar... "El cazo de Lorenzo" "El monstruo de colores", "Vaya raieta", "Rugidos y Orejas"... eternamente, con los cuentos que tarde o temprano quiero comprarme, para tenerlos yo y para poder enseñárselos a mi futuro alumnado.












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