En este día vinieron a enseñarnos la importancia
del acogimiento familiar tres integrantes de la Asociación de familias de acogida
de la provincia de Alicante (GAIA), la persona que gestiona y coordina la asociación junto con unos padres inscritos y que acogen a menores de entre 0-6 años.
Lo primero y más importante es saber y comprender que es el acogimiento familiar. La sociedad suele definirlo como una especie de adopción lo cual queda muy lejos de la realidad. La diferencia entre ambos conceptos reside en el fin u objetivo que se busca en cada situación.
En la adopción, el objetivo principal que busca la familia es integrar y hacer del niño/a parte de su familia, haciéndose completamente responsable de él o ella para el resto de su vida, dándole los apellidos, sin poder en ningún momento rechazar o revertir la adopción. Al niño o niña se le acepta en la familia como hijo propio, se le da un hogar y cariño de por vida.
En cambio, en el acogimiento familiar la finalidad es ayudar y ofrecer al menor una situación normalizada de familia, de cumplir las funciones básicas que la familia cumple en la sociedad, porque su familia no puede, no quiere o no sabe hacerlo. Es una situación temporal en la que, al igual que en la adopción, se le da cariño y un hogar al niño/a, pero nunca se cambian los apellidos y la responsabilidad del menor recae en el Estado no en los padres que acogen lo acogen. Es temporal porque el objetivo principal es que el menor vuelva con su familia tras superar los obstáculos o problemática a la que se enfrenta y le impide hacerse cargo del menor.
Por ello, es importante tener presente en todo momento que tarde o temprano el niño o niña se irá y volverá con su familia. No por ello se debe de tratar diferente o mirar distinto, todo lo contrario. Al acoger a un menor se ha de ser consciente de que éste viene con muchas carencias de diferente tipología (afectiva, nutricional , límites o reglas, etc.) y el trabajo de la familia acogedora es cubrir dichas carencias (y la económica es la menos relevante en estos casos).
Obviamente, se le coge cariño al menor, es una de las funciones más importantes que debe de cubrir cualquier familia, el afecto y cariño. Gracias a ello nos sentimos parte de un sitio, lugar o grupo social. Nos hace sentir seguros, importantes y que le importamos a alguien. Por ello es inevitable sentir aprecio por ellos y llorar o echarlos de menos cuando se van.

Y lo mismo les pasa a ellos, también cogen cariño y aprecio a las personas que se están haciendo cargo de ellos, aunque solo sea temporalmente. Siempre los recordarán con cariño y, algunos pocos, seguirán en contacto.
Pero en lo que hay que centrarse es, no en el se van si no, en como ha evolucionado y cambiado el niño o niña con la influencia y apoyo que se le ha dado. Porque, como ya se ha dicho, este es el objetivo: que el menor se desarrolle de la mejor manera posible, recibiendo la influencia de una familia funcional (sin la problemática u obstáculos de la familia de origen).
Una vez comprendido ésto, nos situamos en la posición del maestro/a, pues es importante que éste sea consciente de la situación del menor para, al igual que la familia de acogida, ofrecerle una educación adecuada y comprensión de las dificultades que posee.
Esto no quiere decir que se le permita hacer cualquier cosa, sino todo lo contrario. Darles unas normas claras, escucharle atentamente, ofrecerle la oportunidad de explicarse y presentarse, enseñar a respetar y respetarle... en definitiva, tener empatía con él/ella y la familia de acogida ofreciendo una educación adaptada a su situación.
Podría verse como una adaptación curricular, pues son niños/as que vienen con necesidades educativas especiales, pero en lugar de ser materiales o contenido, suelen ser afectivas y de normas. Nadie dice que sea fácil, pero si necesario para un adecuado desarrollo del alumno/a, que es tan importante como cualquier otro del aula.
Teniendo todo esto en cuenta, un buen profesional de la educación es aquel que procura entender a sus alumnos y les ofrece las herramientas adecuadas para mejorar y superarse cada día a sus alumnos y alumnas, sin ningún tipo de discriminación social.
Lo primero y más importante es saber y comprender que es el acogimiento familiar. La sociedad suele definirlo como una especie de adopción lo cual queda muy lejos de la realidad. La diferencia entre ambos conceptos reside en el fin u objetivo que se busca en cada situación.
En la adopción, el objetivo principal que busca la familia es integrar y hacer del niño/a parte de su familia, haciéndose completamente responsable de él o ella para el resto de su vida, dándole los apellidos, sin poder en ningún momento rechazar o revertir la adopción. Al niño o niña se le acepta en la familia como hijo propio, se le da un hogar y cariño de por vida.
En cambio, en el acogimiento familiar la finalidad es ayudar y ofrecer al menor una situación normalizada de familia, de cumplir las funciones básicas que la familia cumple en la sociedad, porque su familia no puede, no quiere o no sabe hacerlo. Es una situación temporal en la que, al igual que en la adopción, se le da cariño y un hogar al niño/a, pero nunca se cambian los apellidos y la responsabilidad del menor recae en el Estado no en los padres que acogen lo acogen. Es temporal porque el objetivo principal es que el menor vuelva con su familia tras superar los obstáculos o problemática a la que se enfrenta y le impide hacerse cargo del menor.Por ello, es importante tener presente en todo momento que tarde o temprano el niño o niña se irá y volverá con su familia. No por ello se debe de tratar diferente o mirar distinto, todo lo contrario. Al acoger a un menor se ha de ser consciente de que éste viene con muchas carencias de diferente tipología (afectiva, nutricional , límites o reglas, etc.) y el trabajo de la familia acogedora es cubrir dichas carencias (y la económica es la menos relevante en estos casos).
Obviamente, se le coge cariño al menor, es una de las funciones más importantes que debe de cubrir cualquier familia, el afecto y cariño. Gracias a ello nos sentimos parte de un sitio, lugar o grupo social. Nos hace sentir seguros, importantes y que le importamos a alguien. Por ello es inevitable sentir aprecio por ellos y llorar o echarlos de menos cuando se van.
Y lo mismo les pasa a ellos, también cogen cariño y aprecio a las personas que se están haciendo cargo de ellos, aunque solo sea temporalmente. Siempre los recordarán con cariño y, algunos pocos, seguirán en contacto.
Pero en lo que hay que centrarse es, no en el se van si no, en como ha evolucionado y cambiado el niño o niña con la influencia y apoyo que se le ha dado. Porque, como ya se ha dicho, este es el objetivo: que el menor se desarrolle de la mejor manera posible, recibiendo la influencia de una familia funcional (sin la problemática u obstáculos de la familia de origen).Una vez comprendido ésto, nos situamos en la posición del maestro/a, pues es importante que éste sea consciente de la situación del menor para, al igual que la familia de acogida, ofrecerle una educación adecuada y comprensión de las dificultades que posee.
Esto no quiere decir que se le permita hacer cualquier cosa, sino todo lo contrario. Darles unas normas claras, escucharle atentamente, ofrecerle la oportunidad de explicarse y presentarse, enseñar a respetar y respetarle... en definitiva, tener empatía con él/ella y la familia de acogida ofreciendo una educación adaptada a su situación.
Podría verse como una adaptación curricular, pues son niños/as que vienen con necesidades educativas especiales, pero en lugar de ser materiales o contenido, suelen ser afectivas y de normas. Nadie dice que sea fácil, pero si necesario para un adecuado desarrollo del alumno/a, que es tan importante como cualquier otro del aula.Teniendo todo esto en cuenta, un buen profesional de la educación es aquel que procura entender a sus alumnos y les ofrece las herramientas adecuadas para mejorar y superarse cada día a sus alumnos y alumnas, sin ningún tipo de discriminación social.

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